La Revolución de la Economía Colaborativa

La Revolución de la Economía Colaborativa

La Revolución de la Economía Colaborativa

¿Has consultado Wikipedia la última semana? Si la respuesta es afirmativa, ya formas parte de la economía colaborativa. Una economía que está llamada a cambiar la concepción de sectores tan dispersos como el transporte, la educación, las finanzas o el energético. En unos casos es altruista, en otros es otra forma de hacer negocio, pero en los dos casos es un cambio disruptivo que forma parte de la Tercera Revolución Industrial y ha llegado para quedarse.

En modelos anteriores, el marketing permitía a las compañías la comunicación unidireccional con sus consumidores. Hoy, el poder ha cambiado y lo tiene “el consumidor” con su recomendación o los comentarios en redes sociales mediante una nueva y potente herramienta, el smartphone. Podemos argumentar que solemos desconfiar del extraño, pero es muy curioso que esto esté cambiando gracias a las llamadas Social Tech. Esta desconfianza se compensa con las múltiples opiniones procedentes de ciudadanos anónimos para nosotros.

En la economía colaborativa confiamos en el colectivo, y este colectivo nos informa si ese producto o servicio es bueno. Se trata de un cambio disruptivo porque supone modificaciones en nuestra forma de entender los negocios, con una nueva divisa que es la “confianza”.

Este cambio nos lleva a una pregunta clave: ¿el modelo colaborativo es menos eficaz que otros o de peor calidad? La revista Nature realizó un análisis comparativo entre Wikipedia y la Enciclopedia Británica. Un comité de expertos, juzgando los artículos sin conocer su procedencia, dictaminó que ambas enciclopedias se encontraban a un nivel similar.

La irrupción de modelos colaborativos ha supuesto un duro golpe a modelos de negocio tradicionales que no han sabido o no han podido evolucionar. Siguiendo con el ejemplo de Wikipedia: entre 2008 y 2014, según la Federación de Gremios de Editores de España, las ventas de diccionarios y enciclopedias cayeron un 70%.

Las enciclopedias no es el único sector afectado. En esta economía colaborativa hay plataformas educativas nuevas (Udacity, Khan Academy, Coursera); otras con orientación persona a persona (Instructables, Chegg, Gibbon); sector hotelero (Airbnb, Hipmunk, BeMate, BedyCasa, BedRural, HomeExchange); alquiler de coches (Uber, Zipcar, SideCar, Lyft, Bluemove, Getaround); finanzas: Kickstarter, LendingClub, Zopa, Kantox, Sherpandipity,… O sectores tan diversos como: Comidas (Compartoplato, Shareyourmeal), Mascotas (Dog Vacay), Salud (Pager, Cohealo), Crowdfunding (KickStarter, Verkami), Telecomunicaciones (Fon, Open Garden) o Servicios Profesionales (Warpit, TwoGo). La lista es interminable.

Hoy ya encontramos ejemplos de gran éxito económico en esta economía colaborativa, con un fuerte impacto social y mediático: Uber, que se alza como una amenaza a alternativas tradicionales de transporte, o Airbnb, que está incidiendo con fuerza en la forma en la que millones de personas se plantean sus vacaciones. Según los datos que maneja el Embajador de Estados Unidos en España, James Costos, 1 de cada 4 estadounidenses participan en esta nueva economía, con unos ingresos de 3.500 millones de euros. Lo importante, sin embargo, no son los datos actuales sino el crecimiento. Más de un 25% anual durante 2013, tal y como explicaba James Costos, embajador de Estados Unidos en España en un reciente artículo.

Hay ciudades que no se declaran pasivas o en contra de esta tendencia, sino todo lo contrario, reconocen que esta nueva economía crea nuevos puestos de trabajo (aunque como toda revolución, también destruye otros), les produce incremento de ingresos, crea conceptos de pertenencia y permite hacer un uso más racional de los recursos escasos, por ejemplo Seúl se declara como ciudad compartida (Sharing City), toda una declaración. Pero incluso esta ciudad ha prohibido, de momento, los servicios de Uber, ¿sorpresa?

Cierto pero detrás de estos cambios hay muchas consecuencias que hay que tenerlas presentes, tanto desde el punto de vista de la calidad del servicio, los impuestos, y la liberación de precios y horarios. No podemos olvidar que es San Francisco la ciudad que más iniciativas tiene en el mundo basadas en la economía colaborativa y estas herramientas ha hundido una industria tradicional y global como es el taxi. Los datos son demoledores… En año y medio, ha bajado un 57% la media de viajes por taxi en San Francisco. Pasando de 1400, en enero 2012 a menos de 600 en junio 2014 (datos de San Francisco Transportation Authority).

Debemos diferenciar claramente lo que supone la economía colaborativa y la economía sumergida. Especialmente en actividades que incurren en conflicto con sectores tradicionalmente asentados, con fuertes inversiones ya realizadas y que ven cómo su modelo de negocio está siendo gravemente modificado. En ocasiones, estos cambios pueden suponer la desaparición de sectores enteros si no se adaptan a esta nueva forma de entender los negocios.

De una forma u otra, la economía colaborativa es imparable y debemos estar muy atentos a la evolución de la forma de llevar a cabo los negocios. Muchos sectores van a cambiar más en los próximos 20 años que en todo el último siglo.
¿Quieres cambiar?

2 Comentarios

  • Marina 04/05/2016 8:43 pm

    La economía colaborativa ya es parte de nuestro día a día. Cuando vamos de vacaciones ya no sólo miramos hoteles, también miramos AirBnb, cuando no llega el taxi o el bus pensamos en Uber…estoy de acuerdo en que se trata de un fenómeno imparable al que debemos seguir la pista porque su evolución puede resultar de lo más interesante.

  • Javier Alberto Muñoz González 05/05/2016 8:53 pm

    Pues a mí me ha parecido muy interesante la recuperación de objetos, tanto para venderlos como para intercambiarlos. Aquello que no usas… En una economía de “usar y tirar” necesitábamos cambiar la orientación. Una lástima que haya sido necesaria una crisis como esta para darnos cuenta de ello. Esa obsesión por el último modelo de móvil cada año, todos los años… Me quedo con esa idea del artículo, la del “uso racional”.

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